Durante su niñez, Francis Etyang padeció frecuentes y debilitadoras hemorragias articulares en las rodillas y hemorragias nasales graves. En aquel entonces, su familia no tenía conocimiento sobre la hemofilia; como muchas otras personas en Uganda que enfrentan problemas médicos inexplicables, pensaban que su trastorno estaba relacionado con la brujería. Esta idea errónea retrasó su atención médica, a la larga le ocasionó una discapacidad física y tuvo que usar muletas para desplazarse. Un momento decisivo en su vida se produjo durante una visita de rutina al hospital, cuando sus padres se encontraron con un viejo amigo que reconoció los síntomas de un trastorno de la coagulación. Este amigo le recomendó a la familia asistir a un campamento médico sobre hemofilia organizado por la Fundación de Hemofilia de Uganda, la organización nacional miembro (ONM) de la Federación Mundial de Hemofilia (FMH) en el país, que se realizaría en el Hospital Regional de Referencias Mbale. Ahí, Francis finalmente recibió el diagnóstico de hemofilia A y pronto empezó a recibir productos de tratamiento donados a través del Programa de Ayuda Humanitaria de la FMH. En un lapso de unos cuantos días, su vida cambió totalmente.