Fendi Valdez tenía tan solo tres meses de edad cuando su familia notó por primera vez que algo andaba mal: tenía un enorme hematoma en el cuerpo. En ese entonces, pocos profesionales médicos en República Dominicana sabían acerca de la hemofilia, lo cual dificultaba el diagnóstico. Incluso cuando recibió el diagnóstico correcto, el tratamiento no siempre estaba disponible. Los concentrados de factor de coagulación eran caros y difíciles de obtener. Para hacer que su tratamiento durara más tiempo, algunas veces Fendi usaba una dosis menor que la recomendada. Como resultado de esta atención limitada, Fendi tuvo frecuentes episodios hemorrágicos, faltó a la escuela, pasó tiempo hospitalizado y terminó con daños graves en ambas rodillas. No fue sino hasta que empezó a recibir factor donado a través del Programa de Ayuda Humanitaria de la Federación Mundial de Hemofilia (FMH) cuando Fendi encontró la esperanza de una vida mejor.
julio 27



















